domingo, 9 de diciembre de 2007

LOS HIJOS Y LAS CRISIS FAMILIARES


Ya en algún momento me he referido a la depresión sufrida, tras una caída económica, divorcio y otras situaciones que afectan nuestros lazos afectivos profundamente. Cuando esto sucede, es frecuente que, las relaciones familiares (ya alteradas por el suceso), se transformen en un caos. Son muchos los que sufren, además del /los directamente afectados.
Y quizás, las mayores víctimas, aquellas que resultarán psicológicamente dañadas para el futuro, son los destinatarios de nuestro más puro afecto: Los hijos. Ciertamente, no lo hacemos a propósito, ni con el deliberado propósito de utilizarlos, pero lo hacemos. Sin embargo, pocos nos damos cuenta que ellos, en su infinita sabiduría, nacida de la inocencia, lo perciben. Solemos tomarlos como rehenes, botines de guerra, cuando no los "culpamos" por lo ocurrido. Ensimismados en nuestros rencores, pesares o privaciones, pocas veces advertimos la profunda huella que podemos dejar en ellos. Poco y nada sabemos ( y a veces ni ellos mismos hasta llegar a edad adulta) del temor a amar incondicionalmente, la distorsionada imagen del matrimonio y el desenvolvimiento normal y esperable, ante toda relación afectiva, laboral y social, que las continuas reyertas bajo el techo conyugal, les pueden provocar. O que, vivir a la sombra de la violencia, criarse en medio de ella, puede tornarlos violentos, irascibles y hasta antisociales. Como siempre, al escribir estas líneas, evoco situaciones vívidas aún, situaciones del pasado, propias o ajenas y que, sólo recordarlas, me provocan estremecimiento. Pero, vayamos más adelante: El divorcio o la separación es un hecho consumado. Sin importar el factor desencadenante, se dividen los bienes, se establecen los derechos y deberes de cada uno y por supuesto, se otorga la tenencia de los menores. Es entonces cuando, el que obtiene la custodia, de resultar ser quien sufrió la caída económica,el "abandonado/a" por el otro cónyugue, u otra situación crítica, tiende a agudizar esta suerte de "victimización", a partir del propio sentido de abandono, desdicha o paradójicamente, de víctima.
Humanamente y en especial, en los albores del problema, la confusión de roles - lógica consecuencia de un rotundo cambio en el ritmo de vida ( para internarse en otro totalmente distinto) -, resulta practicamente inevitable. El individuo adulto se siente "expulsado de su hábitat" ( hogar, trabajo, ocupación, nivel económico) y tiende a buscar explicaciones ajenas a su persona, cuando, las más de las veces, reposan en sí mismo, cuando no en la pareja, junto a la cual, trajeron al mundo uno o más hijos, con y por amor. Y esa angustia, frustración, duelo interior, por mucho que intentemos disimularlo ( cuando lo intentamos), los contamina y atrapa. Si nosotros no podemos asumirlo, como podrían ellos? Cómo podrían ellos absorver y racionalizar tales sentimientos, si hasta para sus padres,resulta harto difícil, aceptar la propia responsabilidad, ante lo que les causa un infinito e irremediable dolor.?
Luego, en general, aunque no necesariamente, sigue la furia, el resentimiento u odio, dirigido al cónyugue que se quedó con todo, inclusive "nuestros hijos".
En la búsqueda de una autojustificación, los afectados suelen armar historias fantásticas. Tienden a incorporar terceros, que quizas nunca existieron, "recuerdan" episodios que "no entendieron en su momento" y hasta llegan a convertirlos en claves en este dramático desenlace (?). Se encierran obsesivamente en "tardías revelaciones" que, de haberlas reconocido antes, habrían evitado el derrumbe.
Sería el momento para AFERRARNOS CON TODAS NUESTRAS FUERZAS AL INCONDICIONAL AMOR DE NUESTROS HIJOS. Pero no. La invasora "catástrofe", nos obnuvila y, en lugar de aprovechar nuestros cortos momentos con ellos, para darles y recibir todo ese amor, los hacemos o intentamos hacerlos "cómplices" de nuestra desgracia, olvidando que ellos, están más confundidos que nosotros, que sufren más. Que han entrado en una suerte de "shock", al pasar de una familia unida, comodidades, seguridad, a carencias incomprensibles y padres separados. Nuestra rabia, odio o como se llame, nos lleva a indisponerlos hacia el otro padre/madre.
Suelen brotar comentarios como "Mira lo que me hizo tu padre/madre!!!!!", "Viste que el/ella me echó!!!!", "Yo no merecía esta traición", etc. O, más suavemente, pero no por eso menos traumático "El/ ella, no tiene la culpa, es la influencia de.....( suegra, suegro, cuñados, hermanos, etc.)" .
Egoísmo, despecho, sed de venganza o simplemente vergüenza, nos mueven. Triste, muy triste, en verdad. Triste la visión de aquél "fugaz" amor que ofrecemos a nuestros hijos.
Se busca en el otro/a, la culpa de nuestro/as desgracias, negligencias, irresponsabilidades. De este presente, en fin, lleno de dudas y un presunto futuro incierto y colmado de desesperanza donde, paradójicamente, nuestra mayor preocupación - y no lo podemos ver-, es el destino de nuestros hijos. O al menos, en la mayor parte de los casos.
Y como he adelantado, es posible que el otro/a, tenga algo que ver, pero "algo". Cuanto mucho, "la mitad" no mas, pues en toda separación, fuere cual fuere el motivo de la misma, siempre las culpas son compartidas.
Quién no escuchó a un amigo/a en esa situación decir "En tantos años juntos, como no me dí cuenta!!!!!!." "Como pudo fingir lo que realmente sentía!!!!!".
Lo que no tomamos en cuenta, es que el otro/a, también se formula los mismos interrogantes. Sólo podemos ver y entender lo evidente: SOMOS LAS POBRES VÍCTIMAS DE UNA VIDA CRUEL, QUE SE EMPEÑÓ EN DESTRUÍRNOS.
Somos las víctimas? No existe la posibilidad de que seamos victimarios?
Así, en medio de esta lucha interior, en nuestro vano intento por minimizar nuestra responsabilidad, comienzan nuestras "actuaciones".
Muchos optan por "dar lástima". Y a quienes elegimos para mostrarnos como tales? Pues, a nuestros desprevenidos hijos. Y, no sólo actúa así, el que llamaremos "exiliado", sino también el que quedó a cargo de los menores. Porque, en puridad, ambos padres se sienten víctimas uno del otro. Y en medio de tanta culpa y reproche mutuos.... quedan ellos, los hijos.

Otros, optan por la "evasión", la huída. Salen en desesperada búsqueda de nuevas emociones, cual adolescentes que jamás asumieron la responsabilidad de un hogar. Son los llamados "padres abandónicos". Y tal vez, sólo tal vez, les cuadre este estigma. Porque, en su gran mayoría, estos "padres/ madres", a partir de su ínfima autoestima, son incapaces de amar profunda, comprometida y sinceramente. Se sienten abandonados, cuando en verdad son ellos quienes reniegan de todo intento. Y son los hijos los verdaderos abandonados. Los que extrañan la presencia, el abrazo, la palabra o el helado comprado porque sí.
Y sabes una cosa, amigo/a? Esto, también me ocurrió.Yo era el hijo.

Según me explicaron, en psicología, se habla de " resistencia al cambio". Nos resistimos a aceptar que hemos llegado al fin de una etapa y comienza una nueva. Cuando nos separamos o, tras la crisis, seguimos "unidos" pero en permanente "guerra", enfrentamos algo totalmente nuevo, donde poco importa quien o que tuvo la culpa. Lo pasado, pasado es. Iniciamos una nueva vida, transformados por las circunstancias adversas y olvidando al menos por un tiempo, nuestra más pura esencia. De nosotros depende, que este cambio de "personalidad" se perpetúe en el tiempo o revisar nuestros prospectos a futuro. Podemos adaptarnos al cambio sin "atacar" al otro o seguir así por todo el resto de nuestra existencia. Pues, un lazo profundo nos une: nuestros hijos.
Perdido o muerto el amor de pareja, no regresará. No será atacando al otro que habremos de arreglar nuestras diferencias (si aún es posible) y mucho menos cuando involucramos a los hijos en nuestros fracasos.
Ellos, sean infantes, púberes o adolescentes, no aceptan la mentira, saben sobre nosotros, reconocen si somos realmente buenos padres/madres, lo sienten en el corazón, sin importar lo que digamos del otro/a. Y tarde o temprano, no sólo buscarán la verdad, sino que, acertados o no, nos juzgarán.
No pretendamos ser " voz de su conciencia", tienen la propia.
Disfrutémolos, eduquémoslos, démosles amor. Respondamos a sus interrogantes, con la mayor sinceridad posible, pero recalcando siempre que, pase lo que pase, jamás dejaremos de ser papá y mamá, que siempre los amaremos aunque estemos forzosamente distanciados.
Porque nuestras acciones los marcarán. Nuestros buenos consejos y ejemplos les servirán y los asimilarán. Lamentablemente, nuestros odios, fracasos, disturbios, etc, también.

Amigo/amiga: Tú, que me estás leyendo, quién eres? Acaso, ese hijo que llora por los rincones, mientras escuchas las feroces peleas entre tus padres ; el que quizás adolescente ya, no entiende cómo es posible que se haya llegado a la bancarrota y ya no puedes disfrutar de los placeres que otorga el bienestar económico y no sólo soportas los reproches del que se siente inocente, sino que te sumas, culpando al que provocó la caída? El que sólo puede albergar resentimiento, hacia ese progenitor que te "abandonó", aunque esté junto a tí, bajo el mismo techo, pero despreocupado de tí? El que a partir del fracaso de los mayores, descree del amor y el matrimonio o pareja estable? El que reniega de todo sacrificio porque, al fin, otros se encargarán de quitarte lo que con esfuerzo has logrado? El que no puede reconocer como "hermanos", a los hijos engendrados en el nuevo matrimonio/pareja de uno o ambos padres? El que se ha convertido en un padre/madre, abusivo y tiránico porque así fueron contigo? El que vive reprochando a su pareja que "no contribuye" o "no te comprende", porque te cansaste de escucharlo en la niñez? El que se siente un "fracasado" porque no puedes retener un trabajo fijo y cubrir las necesidades familiares? Seas quien seas, te invito a contar tu historia. Tal vez, descubras que no existe "escuela para padres", que como humanos que somos, también falibles, tratamos de remediar los errores que con nosotros cometieron, pero no podemos evitar incurrir en otros. Que es tan malo para la prole, hacerle pasar privaciones ( para satisfacer nuestros gustos) como colmarlos de las comodidades y lujos que el dinero puede brindar. Que todo, absolutamente todo, mientras haya amor, aunque se encubra bajo el tinte del rencor, odio, resentimiento, la reconciliación y compresión siempre son posibles. Que tarde o temprano, serán los padres los que necesiten de sus hijos, porque las fuerzas los abandonan y pierden autonomía. Nunca es tarde, seas padre, madre o hijo, para perdonar y recomenzar. Yo lo hice, entonces, también tú puedes. Si acaso crees que tu historia es "diferente", sólo hazlo saber y verás que otros están padeciendo, padecieron o padecerán lo que tú y siguen mirando hacia el futuro con optimismo.






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