viernes, 30 de noviembre de 2007

MI DESGRACIA, ES UNICA?







Cuando la desgracia se apodera de nosotros, cualesquiera sea su naturaleza, tendemos a olvidar que estamos en un Mundo signado por las crisis, cambios, buenos y malos y que nadie, absolutamente nadie, está exento. Sin embargo, ante ciertas situaciones límite, nos cuesta entender que los demás, nuestro entorno, continúen su vida. Tendemos a sentirnos el "centro del Universo" y no podemos explicarnos que el mundo siga girando, pese a todo lo que nos acontece. No te ocurre a tí, ni a mí, sino a la mayoría de los seres humanos. Pocos son los que, en medio de sus pesares, pueden tomar distancia de los mismos, advertir que muchos, demasiados, están peor aún y minimizar su propio dolor, angustia, preocupación, decepción, o lo que le acontezca, para darle la real dimensión que tiene.
Nada más normal y esperable. Porque siempre, sin importar los demás, NUESTRA DESGRACIA ES ÚNICA, INIGUALABLE E INTRANSFERIBLE. Y, aunque somos millones, de poco y nada sirve, saberlo. No por ser más, duele menos.
Es más, si somos excesivamente hipersensibles, solemos hacernos cargo de las desgracias hermanas y lo único que logramos es abatirnos aún más. Acaso debemos, entonces, aislarnos del mundo, ora para no sufrir sus desdichas, ora para no sientan "compasión" por nosotros, ora para no mirar con melancolía ( sino envidia o disfavor) a los que están mejor? Ni falta hace decir que esto es prácticamente imposible si somos personas sanas en mente y espíritu y que, pese a todo, trabajamos, hacemos compras, concurrimos a eventos obligatorios, etc.
Ciertamente, si algo podemos y debieramos evitar, es aferrarnos a gente que padece lo nuestro en menor, igual o mayor medida. No se podrían ayudar entre sí y el aparente "consuelo mutuo", es en verdad una forma de autocompasión recíproca.
La otra, es no sentir vergüenza de compartir nuestras penas, no para buscar soluciones o comprensión, sino lo que, de buen grado, el otro puede ofrecernos. Compartiendo, tal vez encontremos buenos consejos, calidez, un beso o abrazo que nos reconforte y nos devuelva o nutra de la fuerza necesaria para seguir avanzando. Lamentablemente, no son pocos los que se avergüenzan, en medio de gente positiva, que teje proyectos, hace planes para el futuro, simplemente por creer ( terrible error) que ese futuro, esos planes, nunca serán propios. Y olvidar además que "esa gente" TAMBIEN TIENE PROBLEMAS. Simplemente porque de no tenerlos, ninguno, ni la menor preocupación, sería feliz en el sentido más amplio de la palabra, que es perfección. Nada es perfecto. La felicidad, vivirla, aprovecharla cuando se presenta, de nosotros depende y para ello es necesario no encerrarse obstinadamente "en lo que está mal", sino reconocer que en medio de nuestros escollos, hay cosas que están bien, muy bien y que generalmente, no valoramos. La salud es el mejor ejemplo.
Además, si estamos allí, en esa reunión, espacio laboral, etc., es por algo, verdad?
Sea que nos haya invitado un amigo ( que no se avergüenza por llevarnos), o porque realmente nos hemos ganado ese lugar, hay algo que con seguridad conservamos: la esperanza.
Y esa gente TIENE ALTAS POSIBILIDADES DE AYUDARNOS. Siempre y cuando se lo permitamos. Nadie puede recibir ayuda si no la quiere. Debemos abrirnos, sonreir aunque el alma llore, para que se acerquen a nosotros. Dejemos el rictus amargo cuando socializamos. Disfrutemos el momento y permitamos disfrutarlo a los demás. Asumamos por un tiempo que, es posible volver a comenzar, nunca como antes, pero si dignamente.
El mundo sigue girando, y nosotros con él. Hemos sufrido una caída, pero es posible levantarse.
Especialmente cuando creemos que fuimos autores del desastre, no es lógico pensar que de nosotros depende arreglarlo? Aún en los peores momentos, tratemos de recordar que no estamos solos en la desgracia y que si de nosotros depende, el problema deja de serlo, con o sin ayuda.

No hay comentarios.: